El harapiento orco guio al muchacho hasta una enorme charca. “Recuerda, humano, el trato es sencillo” Dijo el malvado ladrón con una sonrisa maliciosa. “Pasa la noche en la charca maldita y el dinero será tuyo”.
“No se preocupe por mí, señor orco. Tenga preparada la bolsa con nedas al amanecer y le demostraré que esta charca es tan inofensiva como el resto”. El ladrón partió riendo entre dientes y dejó al muchacho solo en la orilla.

El pequeño humano, cansado de la larga travesía, decidió meter los pies en las aguas y descansar hasta el amanecer. Pero aquella charca no era todo frescura y nenúfares, algo maligno yacía en la verde profundidad y ese algo vio allí arriba la forma de los pies de un hombre.

Tranquilo estaba el chico jugueteando con los pies e imaginando la bolsa repleta de dinero, cuando al agua comenzó a agitarse formando remolinos. De pronto, vio en la superficie tristes ojos de mujer, caras de hermosas doncellas con los ojos cerrados de melancolía. Eran las hijas de las profundidades que con su dulce danza le invitaban a ahogarse, “Ven, entra” le decían. El pequeño humano las contemplaba embelesado por su belleza, hipnotizado, y entonces hizo lo que siempre hacía cuando se sentía conmovido. Tocar su violín y escribir versos que nadie leería.

<<¿Por qué huían las gentes del pueblo de aquella bella charca?
¿Por qué los hombres temblaban cuando, al caer la noche, la luna regalaba su reflejo plateado?
¿Serán ellas las hijas del mar?
Agua en sus ojos, agua en sus venas.
Con dos misiones que cumplir; ahogar hombres y ahogar mujeres.
Ven, entra. Bebe nuestra amarga agua. Entra a conocer a nuestro amo y señor. >>


El muchacho entró en la charca cautivado por los rostros de las mujeres. Una vez sumergido completamente, el señor de la charca se presentó ante él. Tenía unos grandes ojos saltones, largos bigotes brotaban de su cara y su boca estaba repleta de dientes afilados. “¿Sabes quién soy yo?”. Dijo el gigantesco anfibio moviendo sus garras amenazantes.

“No lo sé, pareces una especie de monstruo terrible”. Contestó el muchacho impasible.

“¡Exacto! Y estas son mis hijas” Exclamó señalando a las espectrales damas que se arremolinaban alrededor de los dos. “Ellas traen muchachos como tú y yo les ahogo”.

“¿Por qué?”. Preguntó extrañado.

“Bueno… Te lo explicaré si me das tu pájaro cantor. Me gusta mucho”.

“¿Mi violín? No puedo dártelo, tengo que tocarlo. Escucha”. El chico salió del agua y comenzó a tocar una hermosa melodía. Todas las mujeres se detuvieron a escucharlo. El monstruo estaba completamente hipnotizado. Le observaba desde la charca y movía sus membranosas manos al son de la música.

“¿De dónde sale ese sonido?”. Preguntó el monstruo impaciente.

“Justo de aquí”. El chico señaló el instrumento con su arco y dio dos golpes suaves.

“Déjame probar a mí”. En cuanto el gran anfibio puso sus húmedos dedos sobre el violín, un sonido tan espantoso como aquel ser, inundó la charca. “Ahhh, que horror”.

“Antes tienes que aprender a tocarlo”. Rio el muchacho.

“No tengo tiempo para eso. ¿De dónde es la canción que tocas?”

“¿La canción? Bueno… Es de muy lejos. Me la enseñó un tabernero, que a su vez se la enseñó un nórbak. Dicen que esas criaturas son unos músicos excelentes. Viven muy lejos… En la isla de Véstrit”.

“¿En qué dirección está esa isla? “ Preguntó el monstruo entusiasmado.

“Al este de Azímur hay tres islas donde viven los nórbaks y los gigantes , una de ellas es Véstrit, búscalos allí, pero ya te digo que está muy lejos”.

“Vestrit… Iré allí, a Véstrit”. Susurraba el monstruo para sí mismo. “Tócame otro poco y me marcharé”.

El humano tocó y tocó hasta que el monstruo dejó a sus hijas, su verde charca y su oficio de ahogar, para partir en busca de Véstrit y el pájaro cantor.

A la mañana siguiente, hubo más que una bolsa de nedas. Los aldeanos cercanos hicieron una grandiosa fiesta en honor al héroe que había vencido al monstruo. Cien regalos. Proposiciones de matrimonio. Todos querían estar cerca de él y escuchar la melodía que había derrotado al señor de la charca.

El orco ladrón, que se había autonombrado su representante, le contó cientos de historias sobre otras criaturas temibles que habitaban Azímur. Así que ambos cogieron los regalos, el dinero y la fama, y se marcharon en busca de aventuras.


-Relatos de Azímur ⚔️