Colaboraciones Doble o Nada Relato

Acisclo: La Gruta de la Tapa

De nuevo, Acisclo visita Stonergëk, y no solo eso, si no que visita Murcia guiado por Don y unas terribles ansias de devorar tapitas y tragar cerveza como si la fueran a prohibir.

Este crossover, inspirado por Las Crónicas de Acisclo y escrito por Don, es una oda al mal gusto y una satírica a la bacanal de La Ruta de la Tapa. La cual, asola las provincias de España como una orgía de ingestas sin control y borracheras frenéticas que deja muy mal paradas las calles, tanto de pueblos como de ciudades.

Como diría nuestro compañero de oficio en su blog: ” Desafíos estomacales, mezclas etílicas prohibidas, tapas del inframundo, sobrasada pagana, seres interdimensionales , y sobretodo muchísima cerveza se dan cita en este genial relato.”

Y sí, nos encanta Lovecraft, nos encanta el terror cósmico y nos encanta el cachondeo. Para ser sinceros, lo hemos disfrutado.

Sin más dilación, que ustedes lo disfruten también.


Un acontecimiento de proporciones bíblicas se presentaba ante Acisclo: “La Ruta de la Tapa”. Lejos de su hogar, se llevaba a cabo una bacanal de cerveza y pinchos de morcilla que el deteriorado estómago de nuestro protagonista no podía desaprovechar.

Murcia tormentosa

A través de una línea caliente que un amigo le había recomendado, nuestro héroe conoció a Don, un excéntrico Murciano amante de la Estrella Levante y las vomiteras nocturnas. Intercambiaron algunas fotos que lo convencieron de su existencia y, sin dudarlo un instante, se embarcó en su Seat Ibiza, el cual llevaba todos los testigos tapados con cinta americana, rumbo a Murcia para deleitarse con los placeres carnales que aquel lugar pudiese ofrecer.

Una perturbación cósmica inquietaba a Acisclo, notaba como si algo siniestro se revolviese en las entrañas de la provincia mediterránea, pero ya estaba acostumbrado a cruzar el velo entre la realidad y la borrachera.

A ritmo de Barón Rojo, Acisclo llegó a su tan ansiado destino, La Plaza de las Flores… O de los olores, porque la fiesta ya había comenzado y los más entusiastas estaban descomiendo trozos de salchicha a medio masticar entre los contenedores de basura, cosa que no desagradó al maño, significaba que aquello podía ser memorable. Una llamada bastó para encontrar a Don en un bar de la zona, poniéndose morado a cerveza y sobrasada con queso.

-Vaya, ¿Así que tú eres Acisclo? – Dijo Don con desdén. Llevaba puesta una camiseta de Jack Daniel´s roída por el sobaco y unos pantalones militares de lo más escabrosos. – Te esperaba más bajito y demacrado.

-Las fotos que te envié por e-mail eran de internet. ¿En serio te pensabas que era Pablo Motos?

A lo que el murciano contestó -ya decía yo que ese tío me sonaba de algo…Siéntate amigo y bebamos.

Los dos comenzaron la debacle de la birra y Don pidió la especialidad de la casa para su nuevo amigo. El camarero, que llevaba un delantal blanco lleno de manchas y un bolígrafo apoyado en la oreja, trajo una bandeja plateada con una cubierta del mismo material. Cuando destapó el plato, Acisclo descubrió algo que claramente estaba descompuesto desde hacía años por el olor.

Parecía poco apetecible y sabía que era una jugada arriesgada, por un momento pensó en dejarlo correr y probar un bocado menos insalubre. Pero aquel día, se encontraba en su elemento y se dispuso a poner a prueba su buche una vez más. Tragó saliva, se santificó como un torero en la plaza e introdujo esa masa informe de color extraño en su boca. Estaba bueno.

Discutieron durante horas sobre la calidad de los grupos de metal español hasta que anocheció y Don propuso a Acisclo ir de caza por Murcia. –Conozco un sitio cerca, pero te advierto de los horrores inenarrables que puedes encontrar a altas horas de la noche.

Nuestro protagonista no temía a lo paranormal, había sobrevivido durante años a los envites de lo extraño en Zaragoza y aceptó la propuesta.


Llegaron a las puertas de una especie de discoteca con luces de neón que ponía “La Gruta”. El nombre no inspiraba mucha confianza y menos el gorila ruso con cara de pocos amigos que custodiaba la puerta.

La Gruta

 -Espero que tengas un plan para entrar – dijo Acisclo acabándose un litro Steinburg el cual había conseguido de una tienda asiática cercana.

-No te preocupes.- Don se aproximó al portero y dijo “¿Qué pasa Vlad?” al más puro estilo  afroamericano de El Bronx. A lo que este respondió “Hoy no Vlad”, seguidamente le indicó que se pusiera en una larguísima cola de gente que ya había perdido toda esperanza de entrar y se aferraban fuertemente al cordón de terciopelo intentando colarse en la fila por los costados. Aquello era una imagen deprimente.

Don volvió junto al maño y manifestó con tristeza –no nos deja entrar.- Acisclo puso su mano sobre el hombro del murciano y puso rumbo a la puerta con paso decidido y barriga bamboleante. Se acercó al portero susurrándole algo al oído en ruso. Al instante, el portero indicó que los dos compañeros que pasasen al local.

Don no sabía como lo había conseguido, pero tampoco iba a preguntarlo, el caso es que estaban dentro y la fiesta les esperaba.

Pasaron de la cerveza a los vasos de cubalitro por cinco euros, que contenían una mezcla grumosa de vino blanco y ginebra acompañado de una pajita de colores y una sombrilla con una calavera en la punta. Aquel lugar removió algo en Acisclo, le agitaba, aunque quizás fuesen gases provocados por la cebolla y la sobrasada.

Don desapareció por unos segundos y volvió con dos cartoncitos ilustrados con un pulpo en el centro. – Prueba esto compadre, no te vas a arrepentir. – Después de lo ya mostrado, poco importaba una droga más que menos.

Ambos vagaron durante horas por el pub hasta que volvieron a sus cuerpos. Ya era muy tarde, solo quedaban orcos de las cavernas moviéndose salvajemente sin música, mientras el portero las acompañaba amablemente a la puerta.

Acisclo no se podía marchar de allí con las manos vacías, así que buscó desesperadamente en la barra por alguna mujer que estuviese tan borracha como para obviar sus pintas de pordiosero. Efectivamente, había una.

Era bajita, morena, y tenía cara de troll. Te hacía dudar de si era un hombre o incluso de si era humana, esa cosa era horrible.

No era un diez, quizás no era ni un tres, pero a nuestro héroe eso poco le importaba, tenía que hacerla suya como fuese. Se acercó a ella sin prisas, no sin antes rebañar un par de vasos que quedaban en la barra. Ante la atónita mirada de Don, comenzó a hablar con ella.

Cuando estaba a punto de lanzarse, unos tentáculos violetas salieron de su escote e intentaron atraparlo. Con un rápido movimiento de caderas, esquivó el ataque de ese ser y cogió un taburete para protegerse. Una voz de ultratumba retumbó en la mente de Acisclo, “Usa el Jäger”, era Don, que se debatía entre la vida y la muerte agarrado a la máquina de tabaco.

Haciendo caso a su escudero, tomó un chupito a medias de la barra y lo lanzó a la cara del monstruo que sorprendentemente comenzó a desintegrarse. Los dos corrieron hacia la salida, marchándose del pub sin pagar la cuenta, al tiempo que el camarero gritaba puño en alto.

-¿Cómo sabías que el Jäger era su debilidad?

-¿Te has leído alguna vez la etiqueta de esa cosa? Su principal compuesto es matarratas y alcohol para las heridas. Si eso no acababa con ella, no sé que lo habría hecho.

Ambos llegaron fatigados al coche de Acisclo y se despidieron de la bonita velada que había compartido.

Como todos los años, La Ruta de la Tapa había sido un éxito.

La vuelta a casa

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2 comentarios

  1. “una orgía de ingestas sin control y borracheras frenéticas” sencillamente brutal 🤟🤟🤟 que mis padrinos en el mundo de la escritura hayan hecho este homenaje a Acisclo es todo un honor. Mil trillones de gracias cósmica Stonergek 😉

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