Doble o Nada Relato

El Escultor de Ilusiones

Un saludo lector,

Antes de comenzar el relato, queríamos dar un par de advertencias. El Escultor de Ilusiones no es un relato típico de Stonergëk. La idea ha madurado con el paso de las semanas y nos ha quedado algo especial. Una entrada que une tres conceptos: la literatura, la música y la escultura.

Hemos seleccionado dos composiciones de piano para el cambio de tono dentro del relato. Sería recomendable escucharlas mientras se lee, aunque es solo una sugerencia.

Gracias y que lo disfrute.

Dark Piano Music – Necromorph (Original Composition)

Muchas personas me odian, aunque yo tan solo hago lo que me piden. Desean y desean sin tener en cuenta sus sentimientos o la situación actual por la que están pasando. Soy un maestro de mi profesión, llevo toda la vida haciendo este trabajo y aún así, hay días que me pregunto si de verdad soy necesario en este mundo. Mi oficio es solitario y hace mucho que olvidé mi propio nombre, aunque todos me conocen como El Escultor de Ilusiones.

Vivo en una torre azul y esculpo los deseos más profundos de los humanos con arcilla especial. Mi único amigo es el torno y de hecho, es lo más antiguo de esta sala, estaba aquí antes de mi llegada y seguirá aquí después de mi partida.

Recuerdo todas las ilusiones que he esculpido con mi suave arcilla roja. Retengo en mi memoria cada uno de los sueños, promesas, traiciones… Algunas son más memorables que otras, pues los sueños no entienden de bondad o maldad, solo son, existen porque así lo quiere una raza de dioses caprichosos. La torre solo escucha.

Un niño tímido que buscaba una mano amiga. El deseo de un emperador por conquistar un trozo de tierra. La chica que soñaba desde una buhardilla con abandonar la guerra.

Infinitas peticiones y un solo trabajador, un único alfarero para todas esas personas que se aferran a un pensamiento de felicidad. Lo peor de todo esto, es que ni siquiera las conozco, aunque es mejor así, no todos los sueños se cumplen.

He de decir en mi defensa, que nunca he roto una vasija, trato mis creaciones con sumo cuidado. Yo las creo, las moldeo acorde a sus instrucciones. Cuanta más ilusión se deposita, más complejas y elaboradas son las obras, pero también mucho más frágiles.

Los que deciden si los sueños se cumplen o no, son los señores de arriba. Ellos me mandan las notas a través de un tubo de cristal que conecta la parte más alta de la torre con mi mesa de trabajo. Siempre me las envían enrolladas y sujetas con un hilo rojo. Leo la nota, creo el diseño y quemo el papel. Ese ritual lo he realizado con cada orden durante décadas.

La recepción de las ilusiones

Después de hacer una escultura, meto la pieza en el montacargas que viaja directamente hacia El Maestro. Él me encerró aquí, fabricó a los señores que redactan la órdenes y construyó la torre antes incluso de que los humanos poblaran la Tierra.

El Maestro decide si la ilusión se lleva a cabo o no. Si considera que mi escultura es digna de ser implementada en la realidad, nunca vuelve. En caso contrario, aparece de nuevo en el montacargas, destrozada. Las ilusiones rotas se reutilizan, pasan a formar parte del montón de arcilla y se pierden para siempre. Me entristece enormemente que los sueños no se lleven a cabo y, en ocasiones, pienso que es debido a mi incompetencia como alfarero.

Intento verlo como que los sueños rotos alimentan otros y permiten la confección de nuevas esculturas, aunque no deja de ser un engaño para no sentirme mal conmigo mismo.

En general, los diseños suelen ser vasijas y ánforas, con diferentes detalles y dibujos por toda su superficie. Los humanos se ilusionan fácilmente y con la misma intensidad. A pesar de eso, he llegado a crear bustos, obras de cuerpo entero u objetos sin forma aparente. Son los que más disfruto confeccionando y los que mayor dolor me causan si son devueltos a mi taller.

No conozco a ningún ser vivo y frecuentemente me planteo si yo lo soy. Puede que tan solo sea otro invento de Él, un juguete, una pieza más de la torre que habito, diseñado para cumplir una función y ser sustituido llegado el momento.

A pesar de tener esos pensamientos, tampoco había hecho nada al respecto, pero una orden de los señores de arriba, cambió completamente mi existencia. Una nota que nunca había recibido antes, incluso habiendo esculpido miles y miles de ilusiones.

Desde que se deslizó suavemente por el tubo de cristal, ya sabía que no era una orden normal.

Dejé la delicada vasija en la que estaba trabajando, a la cual le faltaban las asas y el dibujo, para acercarme a la mesa y apreciar el pequeño rollo de papel sujeto por el sempiterno lazo rojo.

Deshice el nudo con mis bastos dedos y me dispuse a leer el contenido.

Nada.

Ni una palabra estaba escrita en el papel color beige.

Lo miré concienzudamente por delante y por detrás.

Ni siquiera un dibujo.

¿Qué significaba esto?, ¿Qué significaba un papel en blanco?

Dejé la orden encima de la mesa y continué trabajando.

Cuando las asas estuvieron listas, introduje la vasija en el horno. Fui de nuevo hacia la mesa para mirar aquel objeto extraño y comencé a cavilar sobre las múltiples posibilidades: “Quizás sea un error”, pero me contesté casi al instante, “Los señores no se equivocan”. “Quizás sea una prueba”, de nuevo me repliqué“¿Por qué querrían probarme? Hago mi trabajo a la perfección desde tiempos inmemorables”. Seguí largo rato discutiendo conmigo mismo hasta que me di cuenta de algo espantoso, la vasija seguía en el horno.

Rápido me dirigí hasta el horno, pero ya era tarde, había perdido la forma por completo. Era la primera vez que me pasa algo semejante, jamás había entregado una obra imperfecta. El montacargas bajó y no tuve más remedio que entregar la petición.

El Maestro solía tardar unos minutos en considerar si la obra era digna o no, aquella vez no tardo ni un segundo en devolverla totalmente destruida.

Dark Piano Music – Sacrifice (Original Composition)

Antes de que pudiera arrepentirme por lo que había hecho, dos seres con máscaras de barro y hierro se presentaron ante mí, me agarraron por ambos hombros y me llevaron a la parte más baja de la torre sin mediar ni una palabra. No protesté, era el castigo que me estaba merecido por fracasar en mi única tarea.

Autómatas.
By: Stepan Alekseev

Los autómatas me azotaron durante lo que me pareció un milenio. Practicaron en mi cuerpo todo tipo de martirios y me devolvieron a mi hogar junto a mi único amigo.

Todo seguía igual, inmutable, mis herramientas me esperaban, las órdenes estaban en su sitio y el papel en blanco continuaba encima de la mesa. Estuve tentado de quemarlo, pero no quería arriesgarme a ser torturado de nuevo, el dolor que había experimentado me colocó un estigma que duraría mucho tiempo.

Finalmente, me decidí por dejar la orden apartada y continuar con otros deseos.

Parecía que todo había vuelto a la normalidad, la rutina me tranquilizaba. Hice preciosas esculturas que rara vez volvían a mi fábrica, me enorgullecía saber que Él seguía confiando en mí.

De nuevo volvió a ocurrir algo inaudito, dejaron de caer rollos. Ya no había más deseos que esculpir, ni más ilusiones por hacer. Terminé todas las órdenes de mi mesa salvo una, el papel en blanco.

Me senté en una silla a meditar sobre lo ocurrido, “¿Qué debía hacer?”. Pasé mucho tiempo pensando y esperando a que cayese por el tubo de cristal algo, lo que fuese y me ayudase a resolver el misterio que me acaecía.

“No soy una creación, estoy vivo” repetía en mi cabeza, al tiempo que discurrían miles de ideas. Me sentía perdido, ya no encontraba mi propósito, “¿Los señores serán una creación de El Maestro?, ¿Cómo sé siquiera que Él existe?, ¿Cómo he llegado hasta aquí?” Preguntas que nunca antes me había planteado por tener la mente ocupada en mi trabajo, retumbaban en mi cabeza.

Los autómatas volvieron a mi taller, aunque esta vez sí protesté; patalee, intenté golpearles, huir, pero todo fue en balde. El tormento fue mucho peor que el anterior, llegué a sentir como mi esencia misma era arrancada de la carne y me desmayaba numerosas veces a causa del dolor. Los artilugios que usaban esos monstruos, eran sacados de las pesadillas más macabras y siniestras que se puedan imaginar.

Un día amanecí en mi habitación, el suplicio había acabado, mas ese trocito de papel en blanco seguía ahí.  Esta vez sentía más miedo que curiosidad, estaba siendo castigado por algo que no comprendía.

Permanecí sentado en un rincón pensando en que podía hacer, hasta que una idea pasó fugaz por mi mente. “¿Y si es mi ilusión? Nunca he deseado nada, nunca he querido nada más que esculpir en mi taller”. Mi torpe cabeza funcionaba a toda su capacidad:

“Deseo una puerta para ver el mundo exterior”.

“Deseo unas armas para luchar contra los autómatas”.

“Deseo unas alas para escapar de la torre”.

“Deseo ver a El Maestro”.

Son curiosos los sueños, siempre me había dedicado a hacer realidad los de otros y nunca me había parado a pensar en los míos.

Comencé una obra sin forma, una obra donde depositaba todas mis inquietudes, mis ansias de libertad y el inmenso dolor que había sufrido. Jamás había hecho algo semejante, sin instrucciones, sin reglas, tan solo la arcilla carmesí y mis manos desnudas.

Cuando terminé esa cosa sin forma, me sentí despojado, como si todos mis sentimientos hubieran sido depositados en la pieza sin vida que me observaba desde la mesa. Sentía felicidad, valentía, satisfacción… No necesitaba enviar mi escultura a ningún sitio, nadie tenía que aprobar mis sueños.

Hoy es el día más importante de mi absurda vida, he dejado la figura encima de la mesa y he subido al montacargas. Hoy será el día que enfrente a mi creador, a mi carcelero y, posiblemente, a mi verdugo.


Son curiosos los sueños, siempre me había dedicado a hacer realidad los de otros y nunca me había parado a pensar en los míos.

-El Escultor de Ilusiones

Muchas gracias a todos los lectores, compartidlo y comentad que os ha parecido.

Un saludo de Stonergëk.

10 comentarios

  1. No me he podido aguantar a mañana! Bufff por dónde empiezo… Es lo mejor que he leído en muchísimo tiempo, y el toque de la música me ha acabado de sumergir en la torre con el escultor, con su montacargas, su arcilla roja y los terribles autómatas. En fin una delicia, ¡lo tiene todo! Seguid así, me ha encantado 🤟

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  2. Madre mía, me recuerda muchísimo a “Las Luces de Septiembre”, de Carlos Ruíz Zafón. Tal vez vuestro relato sea más oscuro. Es genial. ¡Felicidades!

    Rebecca Jawahal de NiCuentos NiMentiras 🐾🐾🐾

    Le gusta a 1 persona

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