Doble o Nada Relato

Relato: El Callejón

La noche se presentaba oscura, el alumbrado seguía averiado y la única luz que guiaba mí camino era la del móvil.

Me conocía las calles del pueblo como la palma de mi mano y por eso no quería pasar por allí, pero quizá fue el alcohol o las ganas de llegar a casa lo que me empujaron a tomar el camino más rápido y atravesar El Callejón.

Los grafitis decoraban la calle asfaltada de no más de cuatro metros de ancho, por la que pasaba a malas penas un coche. Los árboles de los vecinos crecían salvajes y se agarraban a las inservibles farolas del camino creando figuras extrañas en la oscuridad. La travesía tenía más o menos seiscientos metros de largo, cinco minutos a ritmo de beodo.

El Callejón

Lo único que se escuchaba eran mis pasos firmes contra el suelo y mi cabeza rememorando la noche con los amigos. Nada fuera de lo común había sucedido, pero guardaba cada segundo con ellos y cada noche como un tesoro en la memoria.

Una pequeña ráfaga de aire me erizó la nuca, “¿Brisa?” pensé “Si estamos en pleno Agosto y harán unos treinta grados. Calurosa y sofocante Murcia ¿Cuándo nos darás un respiro?”. No le di más vueltas, agradecí lo que Céfiro me ofrecía y continué el camino.

No llegué ni al ecuador del callejón cuando empecé a escuchar unos pasos tras de mí. Normalmente no me habría alarmado, pero eran las tres de la mañana y no había encontrado un alma desde la casa de mi amigo hasta aquel lugar.  Me giré para ver quien seguía mi estela… Nadie. “Puede que el sonido de mis zapatos haga eco por la calle. No sería la primera vez que me pasa”.

Continué caminando entre las siluetas que formaban los árboles y las pintadas urbanas. Otra vez los pasos… Esta vez los escuchaba con mayor nitidez. Esperé unos segundos para asegurarme de que no eran alucinaciones mías y me giré a la velocidad del rayo… Nada. Incluso la brisa se había detenido. Estuve quieto unos segundos observando la oscuridad sin que nada ocurriese. Apunté con la linterna escudriñando la calle y al instante me di cuenta de que parecía imbécil “¿Tanto he bebido? Si solo han sido un par de copas. ¿Ahora te da miedo la oscuridad?” pensé intentando tranquilizarme.

A pesar de mi empeño por quitarle hierro al asunto, mi ritmo cardíaco se aceleró y mis sentidos se agudizaron al máximo. Seguí caminando…

Ya llevaba más de la mitad recorrido y me juraba a mí mismo que nunca más volvería a pasar por allí de noche. No soy una persona especialmente miedosa, pero estaba totalmente acojonado. La corriente de aire atenazó de nuevo mi cogote y provocó un involuntario escalofrió, “Me cago en la puta, esto no es normal”.

Los pasos de nuevo… No había duda de lo que estaba oyendo, eran pisadas sobre el asfalto acompañadas de un sonido metálico, como cadenas arrasando. Me paré en seco para dejar de escucharlas como había pasado en las otras dos ocasiones. Esta vez no se detuvieron.

Ni siquiera me volví, eché a correr los pocos metros que me restaban. Me perseguía y era mucho más rápido que yo. Notaba como algo se aferraba a mi pierna, una presión en mi gemelo desnudo me arrastraba hacía la oscuridad.

Llegué al final, estaba bien, asustado como nunca, pero bien. Me recuperé de la carrera bajo la luz de una farola “Nadie se va a creer esto”. Un sudor helado recorría mi cara y mi cuello, aún notaba esa presencia, pero los pasos se batían en retirada hacia la oscuridad más profunda.

Decidí guardar en secreto lo sucedido durante esos cinco minutos de absoluto terror. Seguro que me habrían dicho algo como “Eso fue el alcohol que te jugó una mala pasada”, “No te ralles tío, seguro que fueron imaginaciones tuyas”… No, yo sé lo que sentí ese día y lo que oí. No estoy loco y tengo pruebas para demostrarlo, la cosa esa me dejó una marca en la pierna. Al principio era pequeña y cada vez se está haciendo más grande.

He de admitir que estoy perdiendo la cabeza, no puedo dormir con la luz apagada y hay noches que escucho ruidospor el pasillo de casa, ruido de pies descalzos contra el suelo y cadenas arrastrando. Cada golpe es un martillazo contra mi salud mental.

Pasos

No sé cuánto tiempo podré aguantar esto, estoy totalmente aterrado. Ojalá nunca hubiera pasado por ese maldito callejón…


Este relato está basado en una historia real, una experiencia personal que nunca ha sido contada.

¿Segunda parte? Ya veremos, lo único claro es que pasar a oscuras por una calle estrecha nunca ha sido una buena idea.

Os ha hablado DoN y os desea felices sueños.

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