Doble o Nada Relato

El Viaje

15:00

Llegué a las mesas de piedra, un lugar apartado donde disfrutar de La Experiencia. Era sábado, llevaba sin comer todo el día, pero debía aguantar las ganas, cogí papel y boli para empezar a dibujar líneas que distrajeran mi mente. No tenían mucho sentido, era lo que me salía entonces, simplemente me guiaba por la música que escuchaba en mis cascos.

Iba realmente preparado, como un explorador que no sabe a lo que se enfrenta y, aun así, se lanza aventura.

16:00

Hice un extraño dibujo con líneas negras, se dividía en dos: un ente oscuro acercándose hacia mi posición, un detalle importante es que aparecía mi teléfono móvil marcando las 16:30, y la segunda parte , una gran cabeza negra con los ojos en blanco.

Cuando acabé la ilustración me percaté de lo creepy que parecía y en la extrañas sensaciones que empezaba a experimentar. Sentía frió y calor al mismo tiempo, un hormigueo por la columna que llegaba hasta mi cabeza y un sabor ácido que me acompañó durante todo el día.

16:30

Mientras me liaba un cigarrillo, me ensimismé tanto que no me di cuenta de lo que ocurría a mí alrededor.

¡Un tipo estaba sentado a mi lado! El susto fue tal, que casi consigue tirarme del banco de pierda.

Hey.” Me dijo el extraño, “Hey.” Contesté yo al tiempo que me recomponía. Su aspecto era peculiar: moreno, con unos pantalones anchos de hippy, una camiseta blanca con un búho de colores en el centro y pelo largo, con un moño en lo alto de la cabeza.

Te he traído un regalo.” Sacó de una mochila marrón una manzana roja y me la ofreció. “Tienes tres vidas, esta es la primera.” Dijo sonriendo.

La incertidumbre me inundaba, no sabía muy bien lo que estaba pasando, me advirtieron sobre las posibles alucinaciones. Aquella manzana parecía real y estaba muerto de hambre, así que me la comí.

¿Estás preparado?” Preguntó el extraño.

Si… supongo.” Contesté dubitativo.

En marcha entonces.

17:00

Mientras caminábamos por el monte, pensaba “¿En serio me estoy fiando de este tío? Creo que ni existe. Tiene que ser eso, está todo en mi cabeza.

El chico, que tendría unos veinte años, me guiaba por sendas frondosas que no había visto nunca, hasta que llegamos a la primera parada. Una agrupación de pierdas desde las que se veía un valle, saqué el tabaco y me lié un cigarro para contemplar las vistas.

Seguro que no te has fijado, pero observa los árboles, también respiran.” El extraño tenía razón, notaba el movimiento de los arboles fluido pero incesante, como la respiración humana. Mi primer pensamiento fue “La madre que me parió, estoy alucinando.” Aun así, dejé que el tipo siguiese hablando.

No nos damos cuenta de muchas cosas hasta que alguien nos las dice, pero siempre están ahí, latente.” Comencé a prestar más atención a las palabras mientras disfrutaba del paisaje, nunca había visto el monte tan verde como aquella vez.

17:30

Hay que continuar el viaje.” Dijo severamente.

Pero quiero quedarme aquí.” Repliqué, el paisaje era precioso y pretendía disfrutarlo un poco más.

Eres afortunado de contemplar esta maravilla pero no puedes poseerlo, todo lo que vivas hoy dejará una huella en tu mente que podrás revivir cuando quieras. El viaje acaba de empezar.” El chico tenía razón, abandoné el momento y me concentré en el viaje. Su ropa había cambiado, ahora llevaba una sudadera verde con un símbolo extraño, unos vaqueros y había cambiado el moño por una coleta.

Me apenaba dejar el valle, la calma era súbita, la naturaleza estaba en todo su esplendor y nada enturbiaba la vista. Acabábamos de abandonar por completo la ciudad, los ruidos de los coches, las maquinas controladoras, los gritos del mundo… Aún quedaba un largo camino por recorrer.

18:00

Mis reflexiones sobre el mundo oculto que estaba descubriendo me desconcertaban en gran medida, los colores eran más vivos, todo estaba en movimiento y no me había parado a pensar sobre ello ni un segundo de mi existencia. El sabor ácido en la boca y los escalofríos por la columna ya casi no me incomodaban, tan solo eran un recordatorio.

No me preocupaba llegar a nuestro siguiente destino, disfrutaba cada paso, losas individuales que formaban un gran camino, sin saber a donde me llevarían.

Finalmente hice la pregunta “¿Quién eres?”

Soy tu guía.” Contestó sonriendo. Era como si lo conociera de toda la vida.

¿A dónde vamos ahora?

Iremos a un lugar más alto, el Sol ilumina la tierra y crea colores fascinantes. Ahora vas a ver como actúa la luz en el cielo. Si te ha sorprendido lo ya mostrado, vas a flipar con lo que te espera.”

Seguimos por un camino desierto, acompañados por el respirar de los árboles y el movimiento de las plantas. Mis tripas comenzaron a rugir.

Tengo hambre ¿Me das otra manzana?

Es muy pronto, piensa que son tus vidas, en cuanto comas la última tu estancia aquí habrá terminado.”

“De acuerdo, aguantaré.”

18:30

El Sol ya se estaba poniendo, abandonamos el camino de tierra y comenzamos a subir por una pequeña loma.

Para mi sorpresa, no había perdido ni un ápice de agilidad, avancé tan rápido que adelanté a mi guía hasta encontrarme con la sorpresa final. Un gran abismo se abría ante mí, veía toda la ciudad, todo el monte y… ¿Al guía? Estaba seguro de haberlo dejado atrás, pero allí estaba, con una ropa diferente. Una camiseta roja, unos pantalones cortos y ahora tenía el pelo suelto. Estaba sentado mirando al horizonte, así que me senté junto a él.

Mira allí” dijo señalando la puesta de Sol. No daba crédito a lo que veían mis ojos, no hay palabras para describir la belleza de ese momento. Si ya es inmenso el encanto de un atardecer, verlo en mi estado actual solo hacía incrementarlo aún más. Apreciaba el movimiento lento pero inexorable de las nubes, la fusión de colores rojo, azul y amarillo como un fuego muy intenso que inundaba la atmósfera. El extraño cogió mi móvil y, adivinando mi contraseña a la primera, puso una canción: “No Quarter” de Led Zeppelin. Captaba cada nota, cada ritmo y cada instrumento como nunca antes los había escuchado. 

Cuando escuches este tema, volverás a este instante y recordarás todo lo que estás viendo.” Mi mente flotaba junto a las nubes vestidas de rojo. Me tumbé en la tierra y la canción cambió: “RocketMan” la versión de MyMorningJacket.

La combinación audiovisual me creaba y destruía como un Dios caprichoso. Me transportaba a un lugar para, más tarde, arrancarme cruelmente cuando terminaba la sinfonía. En un momento dado, se reprodujo la canción: “TheMusicScene”de Blockhead, así empezó una de las paranoias más grandes del viaje.

Una gran rendija separaba el cielo en dos, las nubes tomaron forma de manos que intentaban abrir las puertas del mundo. Lentamente abrían la brecha en la bóveda celeste que separaba mi mundo con lo desconocido “¿Qué me esperará al otro lado?” Pensaba mientras miraba obnubilado el cielo, mi guía tenía razón, esto es flipante. Las manos blancas continuaban empujando con ahínco y, por un momento, pude divisar algo…

No te quedes atrapado por la pareidolia.” Dijo el extraño sacándome así del embrujo. “Son las ilusiones ópticas que estás experimentando ahora mismo. Cada vez que miras a cualquier sitio, ves algo reconocible, ya sea una forma, una cara… Son muy comunes en tu estado, se combinan con la apofenia para crear auténticas conexiones místicas entre el individuo y el universo. No me malinterpretes, para eso estás aquí, el objetivo es abandonar las sensaciones terrenales y encontrar algo que perdiste hace mucho tiempo. El único problema, al igual que el de todos los viajes, es quedarte estancado en un suceso, un momentum que hace las delicias del espectador y no le deja avanzar.”

Encajé sus palabras y las reconstruí en mi cabeza como un puzzle de pequeñas piezas, a sabiendas de que ya había perdido unas cuantas, pero quería completarlo.

Miré al cielo en busca de respuestas, la grieta y las manos habían desaparecido. Se giró hacia el sendero e indicó “Ya has visto suficiente de este lugar, hay que continuar el viaje, toma, tu segunda manzana.”

19:30

Abandoné la cima aun preguntándome “¿Qué habría pasado si hubiera seguido observando la rendija hasta abrirse del todo?, ¿Qué hubiese visto?” Sacudí la cabeza para alejar esos pensamientos.

La noche se cernía sobre nosotros, a pesar de la oscuridad mi guía sabía exactamente los caminos que tomar, yo, por mi parte, me limitaba a seguirlo. De vez en cuando mi acompañante hablaba y casi siempre para advertirme.

Este es el peor momento, la vuelta a la realidad. Algunos quedan atrapados en los momentums.” Señaló a un hombre, que estaba a la derecha del camino bajo una farola, mirando una gran roca con forma de lo que parecía ser una figura femenina. “Es difícil abandonar los anhelos más profundos y seguir adelante. Él ya no volverá al camino, su guía se marchó hace años.”

¿Dices que debemos abandonar todo placer?”

Ni mucho menos, te explicaré algo. Cupiditas es una palabra en latín que significa deseo, sentimiento que motiva la voluntad de querer poseer el objeto que se desea. El deseo es alimentado por uno o varios sentimientos o necesidades, llevando al individuo a diferentes estados de conciencia emocional. En algunos casos el sujeto, guiado por las emociones, obtiene lo que desea sin importar las consecuencias de las acciones realizadas, en otros el deseo impulsa al individuo a hacer grandes sacrificios desinteresados para satisfacer esa necesidad, cuando no se obtiene lo deseado el fracaso lo lleva a un estado de frustración e insatisfacción existencial. El hombre del camino a pesar de estar viendo su deseo, no puede alcanzarlo y queda estancado en un limbo de fantasía irreal.

¿Y qué pasará con él?

Nadie lo sabe, paso muchas veces por aquí, a veces ríe a carcajadas otras llora desconsolado. Solo él tiene la voluntad de levantarse y continuar el camino.

La oscuridad le daba a la conversación un ambiente misterioso, un encanto especial. Si bien al principio confiaba en el extraño, ahora estaba más unido a él que nunca. Nada parecía real, tan solo mi guía y el sabor ácido en la lengua.

20:00

Continuamos bajando por el camino de tierra, de vez en cuando, aparecía una de estas almas en pena atrapadas durante el viaje. El motivo casi siempre solía ser el amor anhelado, pero no era el único: familiares perdidos, momentos felices… Todos tenían algo en común, nunca volverían a repetirse.

Con gran pena dije “Hay demasiados.”

Mi compañero andaba con paso firme y no vacilaba en sus respuestas “Están así porque no escucharon a su guía. Ya no tienen razón de vivir. Recuerdan una y otra vez.

¿Por qué nadie les ayuda?”

No necesitan que nadie les ayude. Viven en una prisión que ellos mismos han construido.”

Llegamos al final del camino de tierra. Mi amigo misterioso se quedó clavado en el final y con un giro repentino se encaró hacia mí.

“Tu viaje ha concluido, has caminado por el lado luminoso y por la oscuridad total. Has superado los momentums y has visto sus consecuencias. Ha llegado la hora, gasta tu última vida.” Me ofreció la fruta.

¿Ya? Quiero saber más.” Contesté tomándola.

Mi tiempo es limitado amigo mío, sabes que siempre podrás encontrarme ¿Recuerdas las canciones?

¿Cómo olvidarlas?

Un nuevo camino se abrió, esta vez estaba iluminado y se podía ver con claridad. Cuando giré la mirada hacía el muchacho, ya no estaba. Así di por concluida, con el primer bocado de la manzana, mi travesía a las 20: 25 del sábado.

Hasta luego amigo, ha sido un placer” Dije en voz alta.

Una palabra con su voz sonó en mi cabeza “Igualmente”.

Desde entonces, cada sábado a las 16:30, voy al monte escuchando sus canciones con la esperanza de reencontrarme con él. Aunque solo me viene a la boca ese característico sabor ácido y la idea de que quizás nunca más vuelva a verle.

El Viaje
-Mr Gumias

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